29
Ene
08

HISTORIA…

HISTORIA MÍNIMA DE LA LITERATURA CANADIENSE EN LENGUA INGLESA EN MÉXICO (PARTE DE UNA INVESTIGACIÓN MÁS AMPLIA Y COLECTIVA)

Claudia Lucotti*


   

El propósito de este texto es reflexionar en torno a la llegada de la literatura canadiense en inglés a México, y qué pasó después, con un doble fin. Por un lado, sentimos que la conmemoración de los 60 años de relaciones entre Canadá y México es momento propicio para hacer este registro antes de que comience a olvidarse o mitificarse. Aquí quiero hacer hincapié en esto: para los estudios culturales resulta fundamental poseer estas historias auténticas antes de que alcancen formas muy definitivas que de algún modo van a variar nuestra visión inicial, dándole formas y seguridades que no existieron en un inicio. De lo que se trata es de rescatar estos primeros intentos con sus impulsos, características y dudas originales. Por otro lado, también es importante, sobre todo para quienes llevamos años difundiendo esta literatura, hacer un alto en el camino para meditar acerca de la labor realizada, sus alcances, sus consecuencias y los nuevos rumbos a seguir. 

Esta labor posee, según mi perspectiva, tres etapas. Y considero que su conocimiento es central para poder ubicarnos mejor a la hora de discutir sobre la pertinencia de continuar impulsando el estudio de la literatura canadiense en nuestro país y en este siglo XXI.

En México encontramos ya desde las décadas del sesenta y del setenta unas pocas traducciones de poesía y cuento en algunos suplementos y publicaciones culturales, no todos publicados aquí, algunos en otros países de América Latina y en España. Sin embargo, a esto no se le presta demasiada atención en cuanto a que forme parte de un corpus mayor de una literatura extranjera con características propias.

También en las librerías inglesas se encontraban a veces obras de algunos canadienses, pero corrían con igual suerte, es decir, se las leía como parte de las letras inglesas en general. Incluso en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional Autónoma de México se llegaron a leer algunas obras, pero dentro de esta misma modalidad. Resulta de interés ver cómo en el propio Canadá, en estos años, el concepto de literatura canadiense y estudios canadienses era un concepto novedoso.

Durante la década del ochenta, se produce un hecho que afecta lo anterior, y que si bien es sólo parte de una historia más amplia, sí modifica la lectura y el estudio de la literatura canadiense en México. Se trata de las convocatorias que aparecen en los periódicos de México para los Faculty Enrichment Awards. A raíz de esto una profesora del Colegio de Letras Inglesas de nuestra Facultad, presenta un proyecto para investigar la literatura de mujeres y viaja a Toronto en octubre de 1992, donde además de realizar algo de investigación establece contactos y adquiere un buen número de libros.[1]

El resultado de este Faculty es que se organizan una serie de cursos sobre literatura canadiense en Letras Inglesas (sobre todo poesía contemporánea y cuento) y, debido a contactos con la Asociación Mexicana de Estudios Canadienses y con la Embajada de Canadá, en abril de 1994 dos estudiosos de la literatura de ese país visitan nuestra Facultad: Karen Gould del consejo directivo de ACSUS y Leslie Monkman de la Universidad de Queen’s. Son ellos quienes, por vez primera, ofrecen una visión panorámica de la literatura en inglés de su país en nuestra Facultad. También hay que mencionar cómo este nuevo interés académico se incrementa por el hecho de que, de forma paralela, en el Colegio de Letras Francesas comienzan a trabajar a las literaturas francófonas con ahínco, lo cual lleva a una gran apertura hacia lo que sucede en Canadá.

Estas visitas y cursos conforman la primera etapa de esta historia, una etapa que gira en torno a la difusión de obras y autores reconocidos, por ejemplo, Alice Munro, Margaret Atwood, Michael Ondatjee y la gradual introducción de otros como Margaret Lawrence y P K Page, que ya se leen con la clara conciencia de que son canadienses. Asimismo es importante mencionar cursos, diplomados (Canadá, una visión plural, 1999) y conferencias impartidas para públicos más amplios, pero que muchas veces quedan a medio camino por la falta de material traducido al español y la enorme dificultad que existe en un principio para lograr realizar traducciones.[2]

La conciencia de estar trabajando material de una realidad concreta, específica y distinta tiene a su vez repercusiones, pues nos obliga a refrescar nuestros conocimientos sobre la historia y la geografía de ese país, ya que resulta más y más evidente que estas lecturas literarias necesitan un marco referencial, un contexto en el cual queden ubicadas.

De aquí a un involucrarse con el concepto de la literatura canadiense en inglés, como un área de estudio específica, media sólo un paso y ya para la segunda mitad de los noventa, esto iba cobrando importancia, sobre todo porque dentro de nuestro Colegio, algunos colegas cuestionaban lo acertado de dedicar tiempo precioso a textos que no resultaban, según ellos, significativos para la tradición literaria inglesa o estadounidense, pero que tampoco tenían una tradición propia de peso. Esto detonó toda una polémica y un análisis de la situación por quienes sentíamos que esta literatura ya había adquirido una historia y una solidez propias que la hacían merecedora de un estudio aparte, sumado al hecho de que la firma del multicitado TLC había convertido los estudios literarios y culturales canadienses más completos en una necesidad para muchos sectores en México.

Y así fue que la recepción de la literatura canadiense en inglés pasó a su segunda etapa, una etapa en la cual buscamos más y más realizar estas lecturas y análisis dentro de su propia tradición, es decir dentro de un marco conceptual teórico canadiense. Es así que descubrimos, por ejemplo, a Northrop Frye, sobre todo su libro The Bush Garden, y se impartieron cursos como Teoría y crítica literaria canadiense, en los que había una intención clara de ir más allá de una simple lectura, por cuidadosa que esta fuera, de “autores canadienses”. La idea era acercarse a estos textos de maneras tales que permitieran ahora sí un adentrarse en sus particulares modos de ver y escribir su mundo; el acercamiento tenía que trascender lo anecdótico.

Es en esta etapa que comenzaron a registrarse, en nuestro Colegio, los primeros proyectos de tesis sobre esta literatura, por ejemplo, una comparación entre 1984 de Orwell y The Handmaid´s Tale de Atwood; un estudio detallado de las técnicas narrativas posmodernas canadienses que utiliza Margaret Atwood en su extraño cuento “Giving Birth”; y un trabajo muy logrado en torno a la presencia del silencio en la obra de Margaret Lawrence, Ethel Wilson y Sandra Birdsell.

No obstante, resulta importante ver cómo el asunto no queda aquí; la segunda etapa a la larga comenzó a manifestar problemas, o quizá un solo problema pero de gran envergadura: ¿qué futuro tiene este tipo de estudio más especializado en México, hasta dónde es importante formar especialistas en literatura canadiense en nuestro país, con qué fin y, aún más importante, qué futuro laboral y académico les espera? Esta pregunta que nos comenzamos a hacer con más y más insistencia se intensificó también a raíz de nuestras participaciones en congresos sobre literatura canadiense en países de lengua inglesa y sobre todo en Canadá. ¿Qué sucede cuando un mexicano llega a Canadá con una ponencia sobre literatura canadiense? Por lo general cosas interesantes pero, desde ya, prácticamente nunca lo que sucede cuando se da la misma ponencia aquí por la sencilla razón de que se está hablando desde otro lugar. Y es esta conciencia de posicionalidad lo que desemboca en la tercera etapa. 

Cuando un académico mexicano habla de literatura canadiense lo hace desde una posición distinta y, por ende, su lectura posee características distintas, y éstas en lugar de eliminarlas deberíamos enfatizarlas. La doctora Luz Aurora Pimentel, en muchos de sus trabajos sobre literatura comparada, sostiene que cuando se estudia la literatura de otra cultura, esto se hace, consciente o inconscientemente, siempre a partir de un enfoque comparatista. Y es justamente este enfoque que, por un lado, con un ojo analiza la creación de una cultura distinta, mientras que con el otro cobra mayor conocimiento de lo que ocurre con la propia, y aquí no me estoy refiriendo sólo a cuestiones de datos sino de constructos mentales, lo que nos marca en nuestra etapa actual.

Además esto me parece central ya que vuelve explícita la faceta más valiosa y relevante del asunto. Desde México, o desde cualquier otro país, sí es posible contribuir al estudio de una literatura extranjera, pero gracias a que abre discusiones más complejas y críticas en torno a los métodos de estudio utilizados. A modo de ejemplo quiero mencionar los trabajos “Reescrituras de lo histórico: Obasan (de Joy Kogawa) y Los recuerdos del porvenir (de Elena Garro)”, de Julia Constantino, y “La voz que nos ocupa: cuatro lecturas de la poesía de Margret Atwood”, en los que, a partir de comparaciones específicas en el primer caso, o en el segundo, de ampliar las formas de leer un texto para introducir elementos que pertenecen más bien a los estudios humanistas nuestros, se le da otra vuelta de tuerca a los estudios críticos sobre literatura canadiense, además de seguir enriqueciendo nuestras lecturas latinoamericanas.

Esta forma de estudiar implica entonces, por un lado, una síntesis cultural de todo lo relevante que se ha dicho sobre un tema, pero siempre con una clara conciencia de que se lee desde una realidad histórica y social particular, una realidad que sin embargo es sólo una entre varias. Todas las partes deben entender y conocer estas otras realidades así como los mecanismos que cada una de ellas, incluyéndonos nosotros mismos, pone en operación para darle cabida al otro. Considero que mucho del trabajo que hacemos en nuestra Facultad posee estas características, las cuales debemos cuidar y nutrir, sobre todo cuando nos involucramos con otras realidades y culturas, ya que sólo así enriqueceremos a las dos.

Es este entendimiento el que de un modo u otro ha hecho de esta tercera etapa de estudios canadienses en México algo muy especial ya que, más allá de leer obras y autores, o de estudiar en detalle distintas facetas de la tradición literaria canadiense, nos estamos sumergiendo de manera crítica y dialógica con lo que se produce en ese país, pero de maneras en las que no nos volveremos simples transmisores de lo que allí acontece sino que abriremos un amplio diálogo con ello. Creo que un buen ejemplo de esto es el curso que impartió la doctora Sherry Simon dentro del marco de la Cátedra Extraordinaria “Margaret Atwood-Gabrielle Roy” para promover la cultura canadiense que se instaló en la UNAM en 2002.[3]

A modo de conclusión, quiero agregar que toda esta historia ha sido producto del trabajo conjunto de académicos, alumnos y autoridades de nuestra Universidad, de un buen número de escritores, académicos y académicas canadienses, y del personal de la Embajada de Canadá en México. Sin todo este apoyo, diálogo y cooperación poco o nada se hubiera logrado, pues como dice Luis Villoro, lo que marca y potencia nuestro quehacer en muchas partes de nuestro continente americano es justamente la cooperación en el trabajo, pues “el trabajo en verdad colectivo no puede estar bajo el signo de la servidumbre, ni dominado por el afán de poder ni por la necesidad del lucro, sino sencillamente basado en el servicio recíproco y en el intercambio.”

Anuncios

1 Response to “HISTORIA…”


  1. 1 yazzminfresita
    enero 29, 2008 en 1:45 pm

    DO YOU LIKE IT


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s


Anuncios
enero 2008
L M X J V S D
    Feb »
 123456
78910111213
14151617181920
21222324252627
28293031  

A %d blogueros les gusta esto: